Artist Bio
 (Text in english coming soon)
 
ADOLFO ESTRADA: MAESTRO DEL INTIMISMO EN PINTURA


“Su pintura, sus monotipos, están hechos con la vida de quién los creó, con limpieza, amor y 

dedicación. Es como una mirada soñadora sobre las cosas más humildes del mundo.”

José Hierro


Hijo de emigrantes Cántabros, Adolfo Estrada nació el 27 de diciembre de 1927 en San José, California; pero su infancia y juventud transcurrieron en Santander, donde se formó artísticamente. En la escuela de Artes y Oficios de esa ciudad comenzó sus estudios de dibujo y pintura. Por aquellos años se sintió además vinculado a la ebullición renovadora que significaron la revista Proel, la Escuela de Altamira y las exposiciones de la galería Sur. Amigo de las personalidades que animaban entonces la vida santanderina, la influencia más honda la recibió del pintor Pancho Cossío y del poeta José Hierro al que le unió una profunda amistad que se prolongaría hasta el fallecimiento del poeta en diciembre de 2002.

En esos primeros años de formación en Santander hace sus primeras ilustraciones para el periódico Alerta y se interesa por el trabajo de los grandes ilustradores americanos, Alex Raymond y Burne Hogarth. Asiste a las reuniones de la Escuela de Altamira en cuyas polémicas y discusiones participaron Angel Ferrant, José Hierro, Cossío y Llorenç Artigas, Cuixart, Tápies y Miró entre otros. Estrada, con tan solo veintidós años, es un observador atento que escucha con interés los planteamientos acerca de la toma de postura de los artistas frente a la abstracción o la pintura social comprometida, los dos polos entre los que se desarrollaría el arte español a partir de los años cincuenta. No hace entonces ninguna elección teórica; era un puro autodidacta que contaba con una especie de don para el dibujo y la plástica. Sí reconoció pronto la calidad de la pintura de Cossio que se convertiría en su primera lección de pintura

En 1952 se traslada a Madrid. Poco después lo hace José Hierro y pasan los primeros meses en una pensión donde el poeta escribe parte de su libro Cuanto sé de mí. La influencia de Cossío se hace patente en sus primeras obras de principios de los cincuenta. Intimismo y un interés por lo social se alternan en los contenidos de sus obras de estos años. Comienza su trabajo en el mundo de la publicidad, en la agencia Alas donde traba amistad con su presidente, Luis María de Zunzunegui. Compagina el trabajo en la agencia con la pintura y la ilustración. Asiste como estudiante libre a las clases de la Escuela de San Fernando.

En 1957 se casa con la filóloga Gloria Milano y juntos asisten a las tertulias que Hierro organiza en el Aula de Poesía del Ateneo.  “Aquella tertulia era un poco como el rompecabezas de España, el único sitio donde se había conseguido, el difícil equilibrio nacional, la reconciliación de las dos Españas en torno a una jarra de agua...” (Francisco Umbral). En aquellas tertulias del aula pequeña leían sus poemas Blas de Otero, Gabriel Celaya, Gerardo Diego, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, Antonio Gala y Carlos Bousoño, entre otros. Su fascinación por la poesía le convierte poco a poco en un poeta de la pintura. Sus cuadros empiezan a construirse con el lenguaje de la sinceridad, materializando plásticamente lo que el artista siente en lo más profundo de su corazón. En la forma externa, Estrada recibe el influjo del neocubismo y del primer informalismo que le aportan formas, materias y técnicas nuevas. Su obra empieza a ser enmarcada dentro de la llamada Nueva Figuración. En sus cuadros de carácter más social se puede ver el rastro dejado por los maestros de la pintura realista española Solana, Vázquez Díaz, Palencia y más allá en el tiempo, Velázquez y Goya.  

En 1961 hace su primera exposición individual en la galería Toisón que dirigía Rafael del Zarco en Madrid y también expone por primera vez en la galería de Manuel Arce en Santander. En ese mismo año trabaja como director del departamento de creación en la agencia de publicidad Gunter & Bach que se convertiría después en Publinsa Kenyon, donde trabajará como director de arte hasta principios de los años ochenta.

En 1963 viaja a Nueva York donde realiza estudios de estética de la imagen con Alexei Brodovitch y grafismo y arte publicitario en Kenyon & Eckhardt. Se interesa por los pintores realistas americanos Edward Hopper y Andrew Wyeth. A su regreso a España abandona los temas sociales y comienza el desarrollo de su particular intimismo. En 1969 regresa a Nueva York donde pasa más de un año. Expone en la Spain Gallery y hace los retratos de Gratzia von Furstenberg y Ana Ford. Cultiva la amistad de Antonio Muñoz Cabrero que le introduce en la alta sociedad neoyorquina. Pinta mas de cincuenta obras en pocos meses que son adquiridas de inmediato. 

Los años setenta son fecundos para Estrada y expone casi cada año en distintas ciudades españolas. El desnudo y el bodegón se convierten en los temas mas tratados por el pintor. El desnudo femenino le permite explayarse en el deleite técnico y sensual. Sus desnudos de los años setenta desvelan a la mujer hasta convertirla en una apariencia, en un arquetipo de sensualidad humana que cualquiera entiende. El alma de la mujer se hace carne frente a la mirada del espectador. La técnica de estos cuadros es sencillamente colosal. Los bodegones, el otro tema preferido de Estrada, son la materialidad, el mundo físico y tridimensional donde el alma encerrada en los cuerpos desnudos habita. Riqueza, orden, lujo y voluptuosidad, todo rodeado de un silencio casi místico. 

Convendría ahora intentar definir lo que se quiere decir con intimismo, ya que este término es el que mejor define la pintura y la actitud vital de Adolfo Estrada. Por un lado se alude con ello a una postura personal e introvertida frente al mundo. En el pintor intimista se da un acuerdo intelectual y sentimental entre su clara visión del mundo y las cosas que lo pueblan, descubiertas y recreadas a través de un lenguaje lírico-poético. El cuadro intimista congela ese momento de consonancia afectiva y mental  entre el artista y la realidad de los objetos que le rodean en su cotidiana existencia. Es una visión poética de lo cercano, en la que la contemplación, la memoria, el deseo y la nostalgia actúan de forma inconsciente para ayudar al pintor a traer a la luz de su conciencia imágenes surgidas de lo más profundo de su ser, las cuales, en un proceso mental y espiritual al tiempo que físico van a ser fundidas con la realidad circundante en el momento de manifestarse en la superficie del cuadro. El resultado es lógicamente una realidad metafísica que se extiende hacia una suerte de paraísos privados y entornos donde el placer se deriva de la contemplación. A diferencia de los grandes intimistas franceses, Vuillard y Bonnard, la cotidianidad de las escenas de Estrada sufre un extrañamiento que aleja las imágenes de lo cotidiano que yo creo deriva de su técnica de transparencias que le permiten literalmente traspasar el velo de la realidad y adentrarse en el espacio mental de la pintura pura. En este sentido se acerca más a Edward Hopper.

El intimismo caracteriza también su actitud como artista; poco dado a la vida social y devoto de su familia y amigos íntimos, Estrada se expresaba así en una entrevista de 1969: “Los esfuerzos de algunos pintores, buenos o no, por hacerse famosos, me parecen un sacrificio inútil. Estoy seguro de que el reconocimiento se consigue igual sin espectacularidades. La calidad nunca puede pasar inadvertida y suele estar basada en lo personal, lo sincero y lo auténtico. Por otra parte, les admiro porque yo soy incapaz de hacer lo que ellos hacen.”

Obsesionado por conseguir una calidad excelente en su pintura, Estrada no ha dejado en toda su vida de mirar a los clásicos: Velázquez sobre todo, también Bellini y Tiziano. Acude con asiduidad al Prado y siempre dedica unos minutos al contemplar el “Descendimiento” de Roger van der Weyden. No es de extrañar que durante los años ochenta, una época de posmodernidad furiosa, Estrada se atrincherara en su pintura y se obcecara aún más en la persecución de la excelencia técnica, precisamente aquello que más despreciaban los conceptualistas e incluso los pintores que en aquella época decidieron pintar mal intencionadamente, practicar un feísmo típico de los expresionismo y abominar del tema y la anécdota en el cuadro. Pues bien, encontramos en los años ochenta algunos cuadros de Estrada que favorecen precisamente todo lo que la corriente al uso descuidaba. “Libertad vigilada” de 1981 es un lienzo de grandes proporciones que contiene una alegoría, como en la pintura clásica. Estrada inauguraba la década de los ochenta con un cuadro complejo, difícil de ejecutar y aún más difícil de encajar en el contexto. Pero él, todo eso ni siquiera lo ha pensado, nada más lejos de sus intereses eso de estar a la moda. Lo que quiere es pintar lo que le gusta y pintarlo de la manera más complicada y difícil que pueda. “...y así ir estudiando el tema elegido, trabajándolo, perfeccionándolo, poniendo el máximo esfuerzo al servicio de esa idea en la que se trabaja con tanta voluntad de superación.”

Desde mediados de los años noventa hasta la actualidad, los temas han continuado siendo el desnudo femenino, los bodegones y también las marinas. Se advierte una intensificación del erotismo en sus mujeres. Es como si se hubieran liberado completamente, de sí mismas y de sus captores. (Analizaremos el erotismo y la pintura de Adolfo Estrada en un próximo artículo.)


La obra de Adolfo Estrada se ha expuesto en galerías comerciales sobre todo en Madrid y el norte de España a lo largo de toda su trayectoria. Más de dos mil obras están repartidas en colecciones públicas y privadas. Entre las públicas: Museo de Ponce, Puerto Rico. Museo Iconográfico del Quijote, México. Fundación Santillana y Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Fundación Rumasa, Madrid. Palacio de Liria, Madrid. Palacio de Monterrey, Salamanca. Museo Municipal, Sabadell. Museo Municipal, Santander. Museo de Arte Contemporáneo, Toledo. Museum of Contemporary Art, Lausana, Suiza. Ford Foundation, Nueva York. Robinson Collection, Nueva York. 

Ha recibido los siguientes premios: 1996 Penagos de Dibujo, Fundación Mapfre. 1985 Premio Durán. 1981 Premio Condesa de Barcelona.